26.12.17

Los que marchan, por David Antin


Un collage para Diane di Prima
                                                                                                                                                                                          
al caminar juntos            no se sentirán                   del todo solos
la tónica era alegre         le daba un aire                 a sus ardores
que la garúa no podría atenuar  a pesar de la protesta
iban por la protesta
iban por la legalización y los carteles      bajo paraguas
y todos contra las cárceles
la garúa que se reunió al atardecer en la plaza
era permisiva y alegre
distribuyeron panfletos a lo largo            y desenrollaron sus carteles
cargaban un cajón           y remataban libros prohibidos
concordaron en que el público no había comprendido
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER EL AMOR                  SON LOS ENAMORADOS
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER OBRAS                      SON LOS ACTORES
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER ALEGRÍA                  SON LOS ALEGRES
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER TRABAJO                 SON LOS TRABAJADORES
                LO ÚNICO PRECISO PARA PROTESTAR                           ES EL PUEBLO
lo principal era hacer un ritual
al caminar juntos con su cajón   para brindarles un aire
en la plaza al atardecer que la garúa no atenuara
a pesar de sus ardores
lo principal era darles un ardor
que la garúa no atenuara             a pesar de su cajón
lo principal era hacerles un cajón
al caminar juntos            y brindarles un aire
de ritual              por el cual fuesen alegres
al caminar juntos            no se sentirán                   del todo solos



Traducción: Emilio Jurado Naón



David Antin fue poeta, crítico, ingeniero, lingüista, docente y desarrolló una vida en preguntarse por el quehacer artístico. Conocido principalmente por sus talk poems –charlas improvisadas que dio durante décadas en distintos contextos y con diversos puntos de partida–, toda su escritura podría catalogarse –y así ha sido varias veces– como “experimental”, pero lo cierto es que se trata del producto de un pensamiento en y sobre la materia verbal y el fenómeno complejo de la comunicación. Dentro del mejor paradigma de la vanguardia, sus textos alinean conceptualismo, formalismo y política. “The marchers” fue escrito en los sesenta, en Nueva York, una época durante la que trabajó “con materiales prefabricados y reutilizados, reciclando textos y fragmentos, conservando conversaciones, pensamientos y sentimientos valiosos y gastados con la esperanza de salvar lo que valiera la pena salvar, liberarlo y tirar el resto”. Falleció el 11 de octubre de 2016 a los ochenta y cuatro años.


E.J.N.

18.12.17

Palo que nace doblao, de Alejandro Leguizamón



I
A David Kalho se le colaron dos traviesas balas en la cabeza. Sienes estruendosas decoraron su piso con un inconfundible estilo Pollock.  
Podría darle vueltas y vueltas a la cuestión, pero lo que sucedió fue simple: Bang, bang! y aunque así no suenen los tiros, el resultado es el mismo (uno menos)
En África, la fabula occidental de la pólvora mojada no es más que un simple mito, ya que el agua es un recurso escaso y por ende; cuando se gatilla hay bala. Creálo. Es ley, no falla.
Así fue para David. Días atrás, su nombre se acumuló en las paginas acusatorias de una revista  -medio pelo/bajo presupuesto- que lo inculpaba, nada más y nada menos, que de homosexual. Terrible crimen en la Uganda que, en este siglo, se postuló con vigor para purgatorio African Gay -de esta dimensión- al mejor estilo Auschwitz.
Sus verdugos fueron dos machirulos. "Hombres" que, a la fuerza, se metieron en su casa para insultarlo y golpearlo rabiosamente hasta matarlo y rematarlo a plomazo limpio. Por nada. Por puto. Por todo. Corta la bocha.

II
Tres noches antes de que la muerte entrometiera guadaña en su vida, David presentó su tercer libro de poesías frente a la exigua humanidad que se dispuso a escucharlo: Amigxs, compañerxs, amantes -animados- de ayer y de hoy e infiltrados de la Uganda Police mezclados entre desprevenidos noctámbulos, habitués de la varieté clandestina en Kaampala. Por supuesto, entre toda aquella fauna hogareña, erigía Yacouba, pasajero frecuente de todos los viajes de su hijo. El entorno se completaba con lo de siempre… Waragi, Pombe y Chai Masala. Santa Trinidad rompe hígados!
Para todxs ellxs, David leyó, apasionado, algunos pasajes de su nueva publicación. La cual, en su verso inicial y primitivo, ya destilaba fragancia mortecina y sentencia a la hoguera social, más por su profusa divergencia sexual que por carácter literario en sí mismo.
Se alternó la noche en una lírica mágica que tropezó con lxs ilustres literatos canonizados por todx aquel amante de la poesía romántica. Lo de siempre: Lorca, Darío, Carpio y Montúfar, cacheteados -por qué no?- por algunos textos filosóficos de Beauvoir, entre otros (y otras)

III
Cruzando la medianoche, la perla de África se pone picante y mejor partir, entre Pombe y Pombe (Cerveza de fermento local) antes que sean las tres y todo el mundo empiece a hablar del nacimiento del Nilo, como si esa fuera la mejor forma de echar a la huesuda que ya se regodea babeando la penumbra.
Es justo ahí cuando, Yacouba Kalho, levanta con suavidad de abrazo etílico a su David para conducirlo, cual arcángel, hasta la casa de este y casi seguro, también hasta su cama.
Lo de siempre… viene la parca, en finas pilchas y siempre algunx cae con el chamullo envolvente  de la “Estética de la Muerte” 
Mejor es partir antes. 

IV
-Dura empresa la de andar en curda, arrastrando un hijo… pensó Yacouba, mientras, con un ojo relojeaba el entorno y con el otro calculaba varios cientos de metros de tambaleo por saldar antes de llegar a destino.
Tanto esfuerzo no es gran cosa para un padre y un hijo que se acostumbraron a vivir bajo la mirada quemante de la homofóbia veinticuatro horas, siete días a la semana. 
Finalmente, otros cientos de metros más adelante, ya con la tranquilidad de dejar lo amado a resguardo. Yacouba, despedida mediante, se quedó pensativo bajo el marco de la puerta y girando noventa grados sobre el eje de sus viejos mocasines, casi más afuera que adentro de la casa, cuestionó las "preferencias" de su hijo en el amor. Sin esperar -o sin querer- respuesta, finalizó su recorrido con 90 grados más hasta salir del todo.

V
David, fue poeta de mil versos, mas nunca pudo contestarle a su papá.
Se despidió, sin saberlo, en una nota de 13 palabras que escribió, esa misma noche, bajo los efectos de la borrachera:
-Padre, ninguna mujer ha leído, jamás, mis versos con los ojos del corazón.


(La homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad mental el 17 de Mayo de 1990 por la Organización Mundial de la Salud)


12.12.17

Linda, por Sebastián Pau


Así te llamamos con mi hermano Francisco, eterna ovejera criolla, cuando Charly, el novio de Mamá, te trajo aún cachorra desde la casa que alquilaba al final de nuestra calle, donde comenzaba el monte.

Recuerdo la primera vez que fuimos al campo. Mi amigo Ricardo pasó a buscarnos de madrugada y salimos en bicicleta hacia la estancia de su tío, por la ruta de tierra que empezaba más allá del Hipódromo; tus pelos ya largos como lanas y la lengua de afuera; el día clareaba y con Ricardo sentíamos volar en los pedales. Al rato de llegar ordeñamos y en el desayuno su tío nos pidió arriarle unas ovejas del campo de un vecino. Ni vos ni yo teníamos experiencia, sin embargo tranquera tras tranquera, desde mis intentos por dominar la tobiana que más tarde logró voltearme en un galope corto, encantado al igual que Ricardo te veía encaminar el rebaño, corregir su rumbo de uno y otro lado con mordidas al aire, como si vivieras ahí. Y en la sobremesa del asado, aquella plenitud ensanchándose en la naturaleza sin límites, te pusiste a jugar con unos terneros, más bien los molestabas, Linda; a corretear gallinas, gansos y patos en presencia del tío, hasta que el frenesí te hizo malherir a un par y el hombre se levantó de la mesa, fue a buscar su escopeta y vino apuntándote al lomo. Te abracé fuerte, gruñías erizada en posición de ataque y regresamos los tres para el pueblo a toda velocidad.

Siempre te gustó cazar y en las expediciones por el monte virgen con Charly, Francisco y otros amigos, abriendo camino a machete lo que durase la tarde y sin alejarnos demasiado del rumor del arroyo, te ibas con una presa entre los dientes; muy alerta de que nadie ni nada te la quitase. Y las veces que nos apartamos del área que semana a semana expandíamos, dejando un fuego extinto, estructuras fabricadas con ramas, para nosotros o el próximo que las descubriera, como aquél primitivo sendero de piedras que tratamos de honrar cada vez que volvimos a toparnos con él, o cualquier otra huella en ese mapa interrogante al cual solíamos invitar a más personas, porque incluso mamá entreveró allí sus ojos de verdor oceánico, bastó un ladrido, tu gesto en cierta dirección para mostrarnos la salida.

Cuando estuviste en celo nos visitaron un montón de perros y tu instinto se preñó del Pulga, el dóberman cruza con galgo de pelo negro y brillante que usualmente acompañaba a un amigo de Charly, quien para esa época ya se había mudado con nosotros. Pariste en el cuarto de mamá y vi una placenta, cómo lamiéndola salvabas a tus hijos. Encontramos hogares para ellos y elegimos quedarnos con el cachorrito que más se parecía al padre, Dosto, así lo bautizó Charly por su escritor favorito.

Aunque el Dosto era casi de tu altura, tenía menos de un año la mañana de verano que lo atropelló un auto y de casualidad no consiguió matarlo. Estábamos todos reunidos en el corredor del patio, a la sombra del alero de tejas, impotentes y desesperados. Vos ibas de un extremo al otro, en círculos, y de nuevo te arrimabas a lamer las heridas, y cuando escuché alguien telefonear al veterinario Sobrero, en ese instante ví el hueco en una de las patas traseras, un tendón contrayéndose, todo latía allí dentro, y de repente lo notamos: habías desaparecido. Pero viniste enseguida y con una bolsa de huesos frescos, de carnicería. Los desparramaste en torno a él y con tu hocico empujaste su mandíbula, el pescuezo. ¿De dónde sacaste esa bolsa de huesos, Linda, hermoso espíritu?

Sólo nos distanciábamos cuando mis vacaciones eran aquí en Buenos Aires, y ya antes de cruzar el río con destino a Rocha, añoraba ese momento en que al bajarme del ómnibus en la cima de nuestra calle, gritaba sus nombres y segundos después los veía diminutos en la vereda, corríamos para el reencuentro.

Y así fue hasta ese atardecer de Julio que ustedes no respondieron y bajé aquél trecho con una sensación corporal extraña, premonitoria, porque en el horizonte del monte el cielo había perdido algún color, como si huyera, bien fiero de sí. En casa no había nadie y fui a lo de la abuela Nahir, que estaba en el patio, cantando algo de ópera mientras podaba unas rosas: ... Sebita... los envenenaron... hace unos días... no quisimos avisarte... fueron los vecinos: La Pocha y el marido.

La Pocha y el marido, el hijo de la india Laurentina, ese tipo que me convocó a las inferiores del Club Lavalleja...o el borracho del barrio.

Cuánta furia, cuánta rabia y tristeza, Linda hermosa, cuánto desconsuelo.

Salí corriendo para casa sin siquiera preguntarle a la abuela dónde andaban Mamá y los demás, o quizá lo dijo y no pude oírla. La Pocha y el marido habían salido en su moto, y no sé qué habría hecho de haberlos encontrado … Mejor así. Laurentina estaba tomando mate en el murito naranja de su casa y al acercarme, antes de decirme palabras que indujeron mi calma, pues ella sí te quería, con sus ojos tan grises como las dos trenzas que le colgaban sobre el vestido azul, miró por encima de mi cabeza, un pájaro quizá, sin duda interpretaba como nadie a las nubes y a las sierras, y del movimiento de sus labios emanó el aliento, un tono granulado y tibio como polvareda tiñendo mis mejillas, armonizándose con el blanco y lírico de mi abuela.

Unas horas después Charly me llevó a donde los había enterrado, al costado del camino que va para el arroyo, enfrente a los bañados que comenzaban atrás del rancherío de los gitanos Zaroba. Señaló una montañita de tierra rodeada por panes de pasto, unos tronquitos en forma de cruz. También les plantamos un jazmín, dijo y me abrazó fuerte. Y no quise pasar más por ahí, me lo prometí y tampoco hizo falta: hubo una gran inundación y los hogares de los Zaroba se anegaron por la mitad; el agua tardó un mes en evaporarse. Luego de varios días de sol, confiado de que el barro estuviera seco, pasé en bicicleta y me detuve apoyando un pie en el suelo. Una elevación de tierra casi imperceptible donde había diferentes tipos de brotes, tímidas manzanillas al vaivén de la brisa en la que seguí pedaleando.

Para mí, Linda, que no volví más por allí, sos una de las guiñadas que cada tanto me hace el viento, y si no sucede, si no hay besos que me despeinen o despierten, camino por una plaza y arranco hojas de pino, robo alguna flor tras las rejas de un jardín, tomo un puñadito de tierra y lo soplo. Nada a temer. Y si puedo, canto.


                                                          Mañana del 28 de octubre de 2017.

10.12.17

Una percepción del lenguaje, por Javier Fernández Paupy

(Sobre Ataditos, de Laura Estrin, Leviatán, 2017)


“Es ella. Es tan ella como si ella misma hubiera dicho: acá estoy.”
Marina Tsvietáieva, Natalia Goncharova. Retrato de una pintora


Cifrado, escrito como si el idioma fuera un instrumento secreto para decir, por fuera de la comunicación. Así leí Ataditos, el último libro de Laura Estrin. Sus poemas se alejan del arte que pretende reproducir la realidad tal cual es. ¿Cómo es la realidad? Estos poemas reproducen una realidad desde parámetros propios. Comunicar por fuera de las convenciones del lenguaje es una sensibilidad literaria. Acá no hay objetivismo, ni barroquismo, ni coloquialismo, ni sentimentalismo. Es un estilo propio.

Hay algo roto que se cuela en los versos encriptados de este libro. Hay que leerlos y descifrarlos. Laura Estrin opera con los ánimos. Y los distorsiona. Una manera de decir, por fuera del molde de la lógica. Y un uso del lenguaje no instrumental.

Me parece escuchar a Laura decir que la poesía funciona siempre así o que la literatura es eso y que  ese es su carácter, su grandeza, su enorme posibilidad de transmisión. Ataditos trasunta libertad de escritura.
No es un libro para entender de entrada. No hay nada que entender en poemas escritos en un misterio del lenguaje. Ataditos despliega una lírica hermética, una transposición esquinada, atropellada, sin el esfuerzo de la descripción o el detalle aplicado al servicio de la anécdota, es pura “insoportable hermética de uno”.

El libro está divido en cuatro partes. Cuatro años de poemas abrochados en más de cien páginas.

Ataditos es una larga enumeración de obsesiones personales. El sol, los libros, las mañanas, las marcas en la piel del tiempo, la ilusión de la amistad. Y una insistencia en la fuerza de los nombres propios: Jacinto, Irina, Mur, Leni, Varian, Marek, Ana, Nicolás, Noemí, Luis, Liliana, Hugo, Milita, Zelarayán.

“(Hugo me enseñó que no use los nombres
sino los apellidos
pero aquellos son los apellidos del poema
y los que murieron son los nombres cercanos)”

Animales, países, palabras en idish, libros, autores y una sensibilidad por la materialidad de la vida en contraste o contrapunto con lo inmaterial. Sueños, anillos, ilusiones, cosas, espectros, posesiones, viajes, recuerdos, anécdotas telegrafiadas. Impresiones de vida. Hay que releer los versos y darlos vuelta. Los sentidos aparecen y se deshacen, como ideas, como voces que buscan otras voces y encuentran preguntas, líneas de lectura que se abren en cada página, versos de memoria.

Son poemas de existencia porque hablan de la vida. Son poemas espirituales porque se corren de la realidad o se apoyan en la realidad, pero sin la típica mediación realista. Hay palabras compuestas que proponen un sentido nuevo: sacandodejando, dosalmas, relojeshoras, mezclahoy, verdadhomenaje, escenalibro, semanascatafalcos, fiestasoledad, reyesaventuras, mismoerror. Esos encuentros quizás sean formas de expresar desde, con, hacia, en las limitaciones del lenguaje.

Cercano a la percepción rayonista de Natalia Goncharova, donde las imágenes como rayos, los sonidos como luces y la pura velocidad de los versos cortos, rítmicos, determinan los materiales de la composición, Ataditos nos recuerda un origen romántico que tiene que ver con un yo subjetivo, al extremo. Álbum (2001), Parque Chacabuco (2004), Alles Ding (2007), A maroma (2010), Tapa de sol (2013) comparten con Ataditos una misma percepción del lenguaje; ritmo y versos que además de lo que significan son pura entonación y música. «Los poetas son tristes», apunta Laura. Y me vuelve la frase de Robert Walser: «Los poetas son gente caprichosa». Alguien, cuando le preguntaron por los poetas, dijo: «¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado». Es posible que en esa mentira o capricho o exageración del artificio anímico a través de un uso particular del lenguaje, surja el poema.  


1.12.17

Lago Michigan, escena 10, por Daniel Borzutzky


El cana no quiere una plegaria
No quiere que los cuerpos miren a los animales muertos que se bañan en la orilla
No quiere oír a los cuerpos ofreciendo amor y compasión a sus amigos enfermos que descansan inertes en la playa
No quiere a los llamados cuerpos sanos mirando a los llamados cuerpos enfermos y deseando que los cuerpos enfermos se recobren
No quiere oír sobre Jesús o el espíritu santo y no quiere que nadie se pare o se arrodille sobre los cuerpos enfermos que el estado necesita que él golpee
Con su cachiporra golpea a los llamados cuerpos enfermos        los llamados cuerpos sanos que cuidan a los llamados cuerpos enfermos
Mirá los cuerpos sanos alejándose de los cuerpos enfermos para evitar los golpes del cana que camina atrás de ellos en la playa porque rompieron un código legal
No lograron atenerse a los esfuerzos de los cuerpos autoritarios por ordenar la sociedad acorde al kit de ideales lógicos y comunes
La cámara se centra en la boca de un cuerpo sano cuando el oficial de policía golpea sus dientes con la cachiporra     
El cuerpo sano que vino a rezar por los cuerpos enfermos se desmorona
Hay pájaros negros volando arriba        hay pájaros blancos volando arriba
Hay reinitas        hay patos        halcones y negrones arriba del oficial de policía que golpea al cuerpo sano
Hay una pequeña ave cantora         mirá su dorso marrón        su capucha castaña        sus supracaudales amarillo brillante que se menean constantemente        las tenues manchas de amarillo en su costado
Hay un gorrión con un cuerpo gordo con manchas blancas y marrones que se cruzan
Los pájaros son testigos del accionar del oficial de policía golpeando cuerpos sanos y enfermos
Es hermoso volar        cantamos
Esto es lo que el cuerpo debe siempre recordar
Estoy en la costa del lago Michigan
Tirado en mi catre con mi perro jadeando y tosiendo y muriendo de insuficiencia cardíaca
No puedo informar nada al cuerpo autoritario sobre la falla cardíaca de mi perro o mi perro sería sacrificado inmediatamente        arrojado a una bolsa y lanzado al medio del lago
Mi perro es un migrante de Puerto Rico
En Puerto Rico fue apaleado por un oficial de policía portorriqueño por ser indigente
Lo arrolló un taxi imperialista
Mi perro tiene parásitos del trópico en su corazón
A veces rezo en mi lengua natal para que su cuerpo descanse en paz
Esta plegaria es una actividad ilegal
Los cuerpos autoritarios consideraron ilegal rezar en otro idioma              
Todo lo que el oficial de policía hacía en la costa del lago Michigan era legal          
Es legal que un oficial de policía  golpee a un cuerpo que reza
Es legal que un oficial de policía golpee a un cuerpo pacífico un cuerpo moreno un cuerpo negro un cuerpo beige un cuerpo gris violáceo sano o enfermo
Los tribunales han confirmado el derecho de un oficial de policía a golpear el cuerpo de cualquiera que considere una amenaza a la seguridad pública
El hombre sano rezando en la playa por los cuerpos enfermos no está realmente rezando por los cuerpos enfermos        está maldiciendo al oficial de policía         
Está rezando a un dios que es un chivo o un venado o un oso o un monstruo        dice el oficial de policía
Tu dios es un cuadrúpedo devorador de tripas        dice
Es un mamífero pero no del tipo correcto
Es el tipo de mamífero que piensa que puede destruir su propia sombra
Tengo el derecho a golpear a un cuerpo si el cuerpo dice algo que amenaza mi vida     
Palabras        dice el oficial de policía        son acciones
Sos un cuerpo público decrépito        dice el oficial de policía al hombre que reza
Y tus plegarias te conseguirán toda una vida        en el hoyo más espumoso        de nuestra decreciente economía de cadáveres                          


Traducción: Gabriela Goldberg


Lake Michigan, Scene 10 

The cop doesn’t want a prayer
He doesn’t want the bodies to stand over the dead animals that wash onto the shore
He doesn’t want to hear the bodies offering love and compassion to their sick friends who rest inertly on the beach
He doesn’t want the so-called healthy bodies standing over the so-called sick bodies and wishing that the sick bodies will recover
He doesn’t want to hear about Jesus or the holy spirit and he doesn’t want anyone to stand or kneel over the sick bodies the state requires him to beat
With his nightstick he beats the so-called sick bodies     the so-called healthy bodies who care for the so-called sick bodies
See the healthy bodies walking away from the sick bodies to avoid the blows from the cop who walks behind them on the beach because they have broken a legal code
They have failed to comply with the authoritative bodies’ attempts to order society
according to a set of logical and common ideals
The camera zooms in on the mouth of a healthy body as the police officer strikes his teeth with a nightstick
The healthy body who came to pray for the sick bodies crumbles to the ground
There are black birds flying above      there are white birds flying above
There are warblers      there are ducks    there are hawks and scoters above the police officer who beats the healthy body
There is a small songbird     look at its brown back     its chestnut cap     its bright yellow undertail that is constantly wagging     the faint streaks of yellow on its side
There is a sparrow with a plump body with white and brown streaks running across it
The birds witness the police officer beating the healthy and the unhealthy bodies
It is beautiful to fly     we sing
It is what the body must always remember
I am on the shores of Lake Michigan
I am lying in my cot with my dog who is panting and coughing and dying from heart failure
I cannot tell an authoritative body anything about my dog’s failing heart or my dog will immediately be euthanized     thrown into a body bag and dumped into the middle of the
lake
My dog is a migrant from Puerto Rico
In Puerto Rico he was clubbed by a Puerto Rican police officer for being homeless
He was run over by an imperialistic taxi service
My dog has tropical worms in his heart
Sometimes I pray in my native tongue for his body to rest peacefully
This prayer is an illegal activity
The authoritative bodies have deemed it illegal to pray in another language
Everything the police officer did on the shores of Lake Michigan was legal
It is legal for a police officer to beat a praying body
It is legal for a police officer to beat a peaceful body a brown body a black body a beige body a gray purple healthy or unhealthy body
The courts have upheld the right of a police officer to beat the body of anybody he deems a
threat to public safety
The healthy man praying on the beach for the sick bodies is not actually praying for the sick bodies     he is putting a curse on the police officer
He is praying to a god who is a goat or a deer or a bear or a monster    says the police officer
Your god is an innards-eating quadruped    he says
It’s a mammal but it’s not the right type of mammal
It’s the type of mammal who thinks it can destroy its own shadow
I have the right to beat a body if the body says something that will threaten my life
Words    the police officer says     are actions
You’re a decrepit public body     says the police officer to the man who prays
And your prayers will land you a lifetime         in the foamiest hole        of our diminishing carcass economy



Daniel Borzutzky es un poeta chileno estadounidense que vive en Chicago y escribe en inglés. Su obra se compone de traducciones y poemas, política y estética, Chile y Chicago, Latinoamérica y Los Estados Unidos, conformando  una poderosa escritura sobre la violencia y la perturbadora retórica del neoliberalismo.

G.G.

28.11.17

La Calandria, por Denise Koziura Trofa



En una reversión del cuento de Edgar Alan Poe, me persigue la calandria.

Primero fueron gritos. Unos cotorreos horrorosos que no había escuchado jamás. Pero pensé que no era a mí. Que le gritaba así a la vida, pero no. La segunda vez fue peor, caminaba al almacén, cuando el bicho me acechó, saltando de rama en rama. Intimidante. Por supuesto intenté negarlo. No se lo comenté a nadie. Asumí que eran ideas mías. Sin embargo no faltó nada para que confirmara todas mis sospechas. Al día siguiente se me fue al humo. Iba distraída, lo que hizo de la experiencia un hecho aún más traumático, el pajarraco se me vino encima, planeando a mis espaldas y me pegó en la cabeza. Grité y sacudí manotazos para todos lados. Alerté a más de un vecino. ¿Desde cuándo los pájaros hacen esas cosas? Ellos me dijeron que a veces pasa. Que lo que tengo que hacer es alejarme de ahí. Pero está atrincherado a diez metros de mi casa, no puedo ni sacar la basura tranquila. Desde el episodio temo a todas las aves y solo tengo que asomar la nariz para escuchar su jarana.

Me acosa una calandria y no me atrevo a defenderme.


¿Quién puede vivir tranquilo luego de matar un pájaro?

20.11.17

Javier Barilaro de frente y de atrás, por Claudio M. Iglesias


“Un corazón entusiasta vale infinitamente más para el arte que las teorías más ingeniosas reunidas”

En su foto de perfil en boladenieve.org.ar sale de medio cuerpo, sonriente y abrazado a Evo Morales. Una de sus obsesiones duraderas es la visión de Latinoamérica como futuro accesible y reservorio de alegría. (“Que nunca nos falté un verano” fue su plegaria tras pasar un tiempo en Inglaterra.) Fabricó libros con cartón recuperado de la basura que valían en sus épocas tres pesos (menos de 1,50 U$D al tipo de cambio). Popularizó junto a Washington Cucurto y Fernanda Laguna los fundamentos de una vanguardia freak, moderna, peculiar a escala mundial, que lo tuvo viajando al viejo continente en plan de enseñanza pícara para diseñadores gráficos desorientados. Barilaro era el artista lanzado al asalto del concepto de arte, cuyos contornos posibles podía delinear con una línea de harina en el suelo, como se hace en la toma de un terreno. En el Delta del Tigre juntó basura para elevar construcciones abstrusas y seguramente ilegales, trató de fabricar licor y pesticida casero para plantas de jardín, se hizo amigo de los malandras de la cuadra que regularmente se hacían fiar fernet del almacén y andaban en lanchas estrepitosas, equipadas con motores preparados. A todos ellos les hablaba Barilaro con la jocundia que antaño había dedicado a más altos figurones, a quienes atrapaba con su sonrisa única, la que conoció Evo.

A un gato negro que lo acompañaba en la casa isleña le puso de nombre Utopía. Para este Barilaro de la energía y la torpeza, que hace borbotear la novedad política de su propia fuente (“el artista tiene que tener onda, no técnica”), era posible pintar cuadros de dos metros por tres en una noche y salía a venderlos a la feria a la mañana siguiente. “Hay que colocar toda la mercadería antes de volverse a la casa”, había aprendido de Cucurto. Ser artista es salir de los conflictos siempre para adelante, no achicar nunca y mandarse con lo que hay: ir de frente. ¿Y así todo el mundo podría ser artista, según Barilaro? Él lo dice de otro modo: ser artista no importa tanto. “Una vez, discutiendo con una curadora danesa sobre la etiqueta 'arte latinoamericano', le dije que solo me interesaba la segunda parte, 'latinoamericano'. Si lo que hago es o no arte no me preocupa; sí que sea latinoamericano”. (Carolina Benavente Morales, “Una visita a la Carto”, Escáner cultural. 3 de abril de 2010).

Eso es ir de frente. ¿Pero cómo es un artista que va de frente? Lo decía Julio Rinaldini en 1919:
“La belleza es hija de la sensibilidad; nace del entusiasmo, del amor, y conduce al amor. El artista reside en el corazón. El arte no puede florecer cuando se tiene un horror instintivo por las expansiones puras y verdaderas del corazón, cuando se teme todo lo espontáneo, todo lo simple, todo lo que es del sentimiento y se dirige al sentimiento. Un corazón entusiasta vale infinitamente más para el arte que las teorías más ingeniosas reunidas, y la ingenuidad está más cerca del genio que la pedantería”.

“El talento está en el corazón”, Barilaro dice. Es una de las frases más suyas y no es él. La escuchó, le gustó y la pintó en una tablita de madera que colgó arriba de la cocina de su casita del Tigre. Y desde entonces sí es de él. ¿Un regalo? Una tarea: ser buena persona, abrir el corazón. No enrederarse con la guita. Al ego dejalo, diría Federico Manuel.

“Siempre me dediqué al arte y usé el diseño gráfico como herramienta de relación social, para hacer cosas con amigos”, dice. Diseñar pequeñas utopías desde una posición desautorizada y a la vez erudita es muy típico de él. Sus utopías son expansivamente emocionales a la vez que torpes (tímidas, según la definición de Gambartes) pero últimamente tienen una paciencia nueva que las rescata. El Barilaro de hoy no es el de años atrás: ahora sigue el camino de Rinaldini de enchufarse a trabajar sin ruido ambiente. Más pintura y menos levante. A comienzos de este año lo he visto en Misiones, en lo de Florencia (Böhtlingk), dibujar a mano alzada frente a una cascada y buscar ese chorreo de iluminaciones al que hace referencia uno de sus episodios perlongherianos. Después de un período negro (el de la conjetura política) Barilaro se pasó al blanco (que se presume apolítico). “Veladuras de dorado con látex, una voluntad de niebla o fog will impregna ese bosque de madrugada”. Ahora la onda no es la onda sino la técnica, el rigor, la paciencia: típica voltereta de geminiano.

El name dropping es de tilingos (lo nuestro es el verso)

La serie De película, realizada junto a Catalina Pérez Andrade, repone escenas que tuvieron lugar en el sillón de la sala de atrás de La Internacional Argentina, donde a Barilaro se lo puede encontrar habitualmente empilchado y radiante en medio del humo y la bullanga. Siempre me llamaron la atención esos lugares de atrás de los comercios, de uso interno. Puede ser porque mi mamá tenía una verdulería cuando yo era chico y ahí me pasaba muchas horas en un depósito que había jugando con los cajones en desuso. Es ese el espacio que señaló Michael Asher al desublimar el concepto de arte: la trastienda de la galería donde se cocinan los negocios. Pero en La Internacional el cuartito trasero es un lugar de brote querendón y carcajada más que de toma y daca. Ya que estamos, una oportuna frase de Francisco (Garamona): “Para Barilaro la pintura y el diseño son lo mismo: el libro dibujado, la pintura escrita. Su pregunta fue siempre la misma: ‘si los objetos hablaran, ¿qué dirían?’ Y encontrar la respuesta, encontrarla mientras la buscaba, para mí es su gran aporte, su triunfo”. (Mauro Libertella, “Barilaro te pone la tapa”, Clarín, revista Eñe, 16 de octubre de 2015).

En De película los amigos son los protagonistas: Juliana, Manuel, Francisco, Sergio. Parece un eco de aquel Montequín que supo ser tan hiriente y hoy quedó polvoriento:
En las veladas de ByF el público es el espectáculo, y el frenesí de la celebración mutua impide la ironía o el sarcasmo [...]. “Gabriela, Fernanda, Leo, Cecilia, Roberto, Gary...”, solo el neófito o el irreverente necesitan informarse de los apellidos, conocer el quién es quién de las amistades”. (Ernesto Montequín, “Estertores de una estética”, ramona, nr. 31, abril de 2003).

Fíjense que para Montequín los nombres propios no hacen name-dropping. Al contrario, forman una gran pavada universal, el antídoto barato de la ironía y el sarcasmo. Pero Montequín no podía ver en lo barato lo genial y en la pavada la revelación de algo único. Y por eso no jodió más, quizás. Para Barilaro name-gathering sería un mejor término. Cuando recupera su trabajo como diseñador de libros se trae muchos nombres en el morral. Otra pintura, consagrada al poder feminista (sucesor del imperio proteccionista del Paraguay en las cavilaciones históricas de Barilaro) sigue la lista: Milagro, Cat, Jackie, Higui... (Caribe Trans*, acrílico sobre tela, 83x89 cm, 2017). El lector puede no darse cuenta de quiénes son las referidas. (Lo contrario de lo que busca el name-dropper.) ¿Y las pequeñas pinturas de tapas de libros, con los nombres de los autores del catálogo de Mansalva? Son pelotas picadas para llegar a lo importante: Barilaro la patea y la va a buscar unos metros adelante, como sabe hacer Nico (Sánchez) con la camiseta de los Pumas. Este es el Barilaro de la industria gráfica, según la definición de Alejo (Ponce de León). ¿Barilaro habla de él o de los demás? ¿Se recuesta en sus amigos o los devora? ¿Es autorreferencial? Transpersonal. Las cosas propias son cosas de otros.

A través de estos métodos llegamos a una obsesión continua en la vida de Barilaro: la frase buscada, el mot juste que lo desespera o reconforta. Y las palabras, ay, pueden mentir. Él lo explica:
“Estaba en la bienal 2006 de San Pablo, en Brasil. Ahí me encontré un libro de título “Proteja-me do que eu quero”, “Protect me from what I want”. Lo llevé para acá y para allá por años. Está subrayado, anotado, manchado de pintura. Muchas de esas frases me quedaron retumbando, especialmente las más complicadas de traducir. A mí me interesó desde siempre la introducción del texto en las obras de arte, tanto que me volví diseñador gráfico, no para vivir de eso y pintar lo que me gusta sino al revés: diseñar lo que me gusta y pintar para vivir. Así que estudié el slogan, el refrán, el haiku, el limerick. Frase corta, idea larga”. (Javier Barilaro, “Las palabras nunca alcanzan”, radar, Página 12, domingo 18 de octubre de 2015).

“Barilaro es igual a Barilaro”, dijo una vez en la cabaña del Tigre, que durante un tiempo compartimos con Cecilia (Pavón) y su amiga Kathrin. Siempre que íbamos volvíamos divertidos, repasando sus frases y ocurrencias en el tren. Con Cecilia, que es calentona, a veces se peleaba por política, hasta dedicarle un poema (“estás muy Lilita”, le lanzaba). Conmigo no se peleaba porque soy llevadero al hablar pero le causaban desconcierto mis ataques de hambre y otras actitudes ocasionales.

Cuando murió su antigua gata estábamos con él y fue muy triste. Barilaro lloraba mucho; lo llamó la mamá y se quedó tranquila viendo que estaba acompañado. Otro día estábamos Kathrin, Máximo (Pedraza), Merlin (Carpenter) y yo. Ese día fue aburrido. Barilaro cocinó con apuro (brasas fuertes y tapa sobre la parrilla) unos bifes que había traído Máximo y que quedaron arrrebatados. En esa época ya andaba obtuso, como si tuviera la luna en la espalda chupándole la energía.

Lo que me llamaba la atención cuando lo visitábamos es que todo lo que hacía Barilaro tenía que ver con una persona determinada: Victoria (Colmegna), Jackie (Ludueña), Cecilia, la que fuera. A su gatita le dedicó un poema que nos leyó llorando y nos dio mucha tristeza. En otros escritos aparecían Cecilia, Fernanda (Laguna) y yo mismo (“el Clau, que siempre va por atrás” según recuerdo que decía). ¿Y qué arte no va por atrás, Barilaro?
El juego de palabras que más le gusta es el del verso como unidad métrica y como engaño, discurso publicitario.

En el próximo jardín

¿Hay un arte que va de frente, entonces, y otro que va por atrás? Prefiero (y quizás Barilaro coincida) lo que decía el cineasta francés F.-J. Ossang: “avanzar, retroceder, pero sobre todo, avanzar enmascado”. De máscara se puede usar cualquier cosa. Fotos, telas, canciones, nombres: al final todo se convierte en otra cosa. Barilaro en su vida atravesó tantas metáforas definiciones para el arte que son mutuamente imponderables: el arte social, el colectivo, la participación, el individuo, la bohemia, el no-hacer, el retiro, Retiro (el barrio), Perú, Constitución, Inglaterra, San Isidro, Paraguay (otra vez). Pero así de volátil como es, no puede hacer nada sin los demás. Y nosotros con él tampoco podríamos hacer nada a solas: la obra de Barilaro hay que estudiarla coralmente. Es el artista perfecto para grupos de estudio, “mesas de análisis” diría él. (que es, además, un conocedor de muchos temas y vive estudiando cosas nuevas con su novia y sus amigos.) Hay escritores jóvenes en nuestra ciudad que se juntan en una casa a leer libros enteros en voz alta: una forma no agresiva y muy vincular de estudiar y formarse. Deciden entre todos qué leer, y leen en ronda, pasándose el libro. A los que nunca lo hicieron les cuesta hacerse la idea con claridad.

“La obra que más me representa será la próxima que haga”, dice Barilaro para despedirse. La igualdad (B = B) queda irresuelta. Esa obra futura es similar a uno de los libros de Sergio Bizzio (aquellos donde él mismo es su favorito), un libro radiante al que Barilaro va a ponerle la tapa. Donde el campo se hace ciudad y la ciudad se hace campo, una pintura se hace película, un afiche se hace poema:

En el próximo jardín
La ribera y Larrazabal
brindamos
y con los vasos vacíos
escribiremos en el alambrado.



octubre de 2017

17.11.17

En resumidas cuentas, por Pablo Ingberg



 Anagnórisis

Como en sueño, madre de sus hijos, de ventana a ventana camina.
Afuera la llovizna y la neblina son de un mismo color inmaterial.
Coincidiendo, en la luz del cristal, transparencia y reflejo,
un trazo bastaría para atravesarlo, pero ella
habla como en sueño. Qué color el del aire que atraviesa mi voz.
Conjugar, dice, el sueño: soñar, esa imagen adelante,
si yo fuera el soñado, si hubiera tercero sin tres,
éter terciando entre dos, yo, una sentencia en el aire, y ella,
como un sueño, cuando hablo, lluvia o niebla (la calle brillaba)
conviviendo.
Dos cuerpos no podrían ocupar el mismo espacio, pero dos palabras
pueden ocupar el mismo aire, fundirse, rodear dos cuerpos
con el mismo aire, y siempre habrá dos sueños. Entretanto
ella, en mi sueño, quiere decirme somos uno. Qué diría en el suyo
si tuviera la palabra. Nunca supe quién hablaba. Madre
o mujer, alfombra, falda del reposo. Era yo
quien caminaba de rodillas por la alfombra de diamantes. ¿No ves
el placer de mis lágrimas, la lluvia
y el sopor de la niebla?

(de Camino a Damasco, 1995)


 Otro recuerdo en que posar los ojos

Y el cuerpo en llamas caía y caía
En el aire sin ningún asidero
Donde la tierra es una meta
Distante que se acerca
Indeseada en esa forma de atracción
La gravedad
Que apagará la llama
Y las otras imágenes que afluyen
Son aire en el aire
Sin ningún asidero

(de Nadie atiende los llamados, 2010)


 Epifanía

En el final del túnel siempre hay luz:
hay que clavar los ojos en el centro
de la tiniebla con fervor creyente
y a la larga a lo lejos va a aflorar un fulgor
como refulge en toda ruta un espejismo


 Arte poética

Más vale un pájaro volando
que cien en mano

(de Conjuraciones, inédito)